• Familia carismática global, faro de esperanza en este mundo turbulento

    Hoy, Jesús, nos sigues llamandoa un nuevo parentesco (Mc 3, 20-21; 31-35), a escuchar tu palabra y ponerla en práctica con urgencia y sin exclusiones.


    Nos empujas a transitar ya los caminos del futuro:

    • Construir hogares de luz como Maristas de Champagnat, implicándonos con pasión en la creación de un estilo de vida de familia abierto a todos.
    • Promover y nutrir la vida marista en toda su diversidad, realizando nuestra esperanza de actuar como un cuerpo global*.
    • Abrirnos, con sencillez, para estar disponibles más allá de las fronteras geográficas o provinciales.
    • Redescubrir, como hermanos, la pasión original que nos ha movido a ser maristas.

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    * Durante el Capítulo general se usó repetidamente la expresión cuerpo global como sinónimo de familia global. Es decir, que todos los Maristas de Champagnat pertenecemos a un solo cuerpo o a una sola familia carismática, y que estamos llamados a actuar como tal.

  • Ser el rostro y las manos de tu tierna misericordia

    La promesa de tu Espíritu en nuestras vidas (Lc 1, 35) nos urge a ser profetas de misericordia y fraternidad.


    Desde esta llamada, percibimos que nos invitas a:

    • Crecer en interioridad para poder descubrirte como un Dios de amor que se manifiesta en lo ordinario de nuestras vidas.
    • Cultivar una espiritualidad del corazón, que llena de alegría y nos hace inclusivos.
    • Revivir en nuestra vida cotidiana el espíritu fundacional de La Valla.
    • Vivir la propia vida en plenitud, siendo tus testigos en un mundo fragmentado.
  • Inspira nuestra creatividad para ser constructores de puentes

    Como María en Caná (Jn.2, 3), nos sentimos interpelados por las necesidades del mundo que nos rodea.


    Inspirados por María, sentimos que nos llamas a:

    • Conocer en profundidad nuestro mundo en continua transformación, y afrontar los desafíos actuales, sin caer en la tentación de responder a preguntas que ya nadie se hace (Papa Francisco en Medellín, 9 de septiembre 2017)
    • Ser memoria profética de la dignidad y de la igualdad fundamental de todo el pueblo de Dios.
    • Abandonar la cultura de los egos y promover los ecos (ecología, ecosistema, economía solidaria…) que reducen el escándalo de la indiferencia y de las desigualdades.
    • Ser agentes de cambio, constructores de puentes, mensajeros de paz, comprometidos en la transformación de la vida de los jóvenes a través de una educación evangelizadora.
  • Para caminar con los niños y jóvenes marginados de la vida

    Te buscamos Jesús, como María, en las caravanas de la vida y en el tumulto de nuestras ciudades (Lc 2, 41-49), en la multitud de desplazados que buscan un futuro mejor para sus hijos.


    Es una llamada en la que nos urges a:

    • Abrir los ojos de nuestro corazón y escuchar el llanto de los niños y jóvenes, especialmente de aquellos sin voz y sin hogar.
    • Ser creativos en respuesta decidida a sus necesidades
    • Huir de acercamientos paternalistas y empoderar a quienes no tienen voz.
    • Incrementar una presencia significativa entre los niños y jóvenes en los márgenes del mundo.
  • Responder audazmente a las necesidades emergentes

    Jesús, pasaste por la vida haciendo el bien y, sin embargo, tus acciones fueron interpretadas con estrechez por muchos de tus contemporáneos, simplemente porque eras galileo, carpintero e hijo de María (Mc 6, 2-3).


    También hoy nos sigues desafiando para:

    • Abandonar viejos paradigmas, y buscar creativamente modelos alternativos para visibilizar el amor del Padre en el mundo de hoy.
    • Convertir nuestros corazones y flexibilizar nuestras estructuras, sin miedo a asumir riesgos, para acercarnos a las periferias, en defensa de los más pobres y vulnerables.
    • Comprometernos firmemente en la promoción y defensa de los derechos de los niños.
    • Despertar en nosotros y a nuestro alrededor una conciencia ecológica que nos comprometa con el cuidado de nuestra casa común *.

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    * En todos los textos del XXII Capítulo general, cada vez que se menciona nuestra casa común se hace referencia a la hermana nuestra madre tierra (San Francisco), siguiendo al Papa Francisco en su Carta Encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común.